UNA VEZ MÁS: NO A LA GUERRA
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UNA VEZ MÁS: NO A LA GUERRA

UNA VEZ MÁS: NO A LA GUERRA

Cuando hablamos de la guerra en perspectiva ética y cristiana, pensamos generalmente en la llamada “Teoría de la guerra justa”.

     En el pasado, y hasta el siglo veinte, las guerras parecían inevitables, y la aplicación de la teoría de la guerra justa, un requisito ético – o escusa- para defender o iniciar una guerra. Después de los ataques terroristas de septiembre 11, 2001 contra las torres gemelas de New York y del Pentágono en Washington DC, la teoría de la guerra justa fue “resucitada”. El presidente Norte-American George W. Bush y otros líderes mundiales justificaron las guerras –no solo contra el terrorismo- aplicando la teoría de la guerra justa.

La teoría sigue aplicándose hoy a otras guerras (2022-2026). ¿Podemos hablar hoy -desde una ética humana y cristiana- de una guerra justa?  

 

GUERRAS Y “LA GUERRA JUSTA”

Se entiende por guerra un conflicto armado entre los ejércitos de estados enemigos. En contento actual, guerra se entiende también un conflicto armado entre un estado o estados y grupos sociales  u organizaciones semejantes a un estado, por ejemplo grupos terroristas.

Aquí hablamos, sobre todo de dos clases de guerra: guerra ofensiva (una guerra no provocada contra otro estado), y defensiva (guerra contra un injusto agresor). También se habla de una guerra llamada preventiva (declarar a guerra a otro estado para prevenir la amenaza de guerra de este estado). Además, y considerando la clase de armas de destrucción usadas hablamos de guerra nuclear, o biológica, o química.

     La expresión “Guerra justa” fue acuñada por Aristóteles y otros filósofos griegos. La teoría de la guerra justa fue propuesta y defendida por los grandes teólogos San Agustín y Santo Tomás de Aquino. La explicación clásica de esta famosa teoría se encuentra en la cuestión 40 de la segunda parte de la segunda de su admirable teología moral (Summa Theologiae, II-II, 40).

     El doctor angélico se pregunta a sí mismo: ¿Es siempre pecado declarar la guerra? (Él está, por tanto, y generalmente, conra todas las guerras). En general, es inmoral y an ticristiano decla rar la guerra. La guerra es un vicio contra la caridad, que es pacífica. ¿Se dan casos excepcionales? Sí, excepcionalmente, la guerra puede ser lícita -ética y justificable- si cumple tres condiciones rigurosas, o sea, es convocada por la autoridad pública, se da una causa justa, y la intención es recta, es decir, se hace para defender la justicia y la paz.

La condición que es la más difícil de cumplir es la segunda: declarar la guerra por una causa justa. La causa justa requiere el cumplimiento de cuatro restrictas reglas: (1) La presencia de una injusticia perseguida obstinadamente; (2) La necesidad de ir a la guerra para obtener justicia; (3) Proporción entre la gravedad de la injusticia y las calamidades que seguirán a la guerra (principios éticos del “doble efecto” y del “menor mal”), y (4) Posibilidad realista de victoria.

Obviamente, la enseñanza de Santo Tomás sobre la guerra justa, dentro del tratado de la caridad y no de la justicia, pretende evitar las guerras. ¿Por qué? Porque es casi imposible cumplir todas las condiciones requeridas ad bellum and in bello – para declarar la guerra y haciendo la guerra. Dice San Agustín: “Es una gloria más alta obtener y mantener la paz por la paz, no por la guerra” (véase el Papa Francisco, Fratelli Tutti, FT, nota 42).  

 

MAGISTERIO DE LA IGLESIA

Se da una evolución homogénea de la doctrina. Hitos principales de la teoría, desde el Concilio Vaticano Segundo. El Vaticano II cierra un poco más la puerta  a la posibilidad de una guerra justa  en el contexto de las armas nucleares y de la carrera armamentista: “La guerra hoy debe ser evaluada con una actitud totalmente nueva”. “Es nuestro claro deber” hacer todo lo posible, trabajando incansablemente hacia ese tiempo en el que las guerras sean totalmente prohibidas por consenso internacional. El Concilio Vaticano Segundo sigue afirmando el derecho -y deber- a la legitima guerra defensiva (cf. Gaudium et Spes, nos. 79, 80 y 82).

En su encíclica Pacem in Terris (no. 55). el Papa  Juan XXIII se muestra firmemente contrario a la guerra en el contexto de las armas nucleares: “En esta época  que se orgullece de su poder atómico, no tiene sentido mantener que la guerra es un instrumento apropiado con el que reparar la violación de la justicia”. Desde el podio de las Naciones Unidas (octubre 4, 1965), el Papa Pablo VI gritó: “Guerra no más. Guerra nunca más.  Es la paz la que debe guiar el destino de los pueblos y de la humanidad”. En su mensaje sobre la paz, (enero 1, 1982), Juan Pablo II habló de la guerra en general y de la guerra defensiva en particular. El Papa Polaco dijo entonces que los cristianos se esfuerzan “por resistir y prevenir cualquier clase de guerra”, porque “la guerra es la manera más bárbara y la menos efectiva para resolver conflictos”. Sin embargo, enfrentándose a injusticias graves y en nombre de la justicia, los cristianos favorecen la defensa colectiva de la sociedad: “En el nombre del más elemental requisito de la justicia, los pueblos tienen el derecho, incluso el deber, de proteger su existencia y libertad usando medios proporcionados contra un agresor injusto”. Pero esta enseñanza tradicional es difícil -quizás no posible- de aplicar en el contexto de las armas mortales.

El Catecismo de la Iglesia Católica habla de la guerra dentro del quinto mandamiento, esto es, No matarás. Presenta breve y claramente la enseñanza de la Iglesia, en particular sobre las condiciones de la guerra justa después del Vaticano II (cf. CIC, no. 2309; Ibid. 2307-2317).

     El Papa Francisco nos habló frecuentemente contra la guerra y las guerras. En particular acentuó los efectos negativos de las guerras contra los pobres y el medio ambiente.  La guerra y la pena de muerte son “respuestas falsas” que no resuelven los problemas que se supone deben resolver,  sino que más bien introducen nuevos elementos de destrucción en la fábrica de la sociedad nacional y global (Cf. FT, 255; Ibid. 255-270). La guerra no es “un fantasma del pasado sino una constante amenaza” (FT, 256). Ciertamente, “la guerra implica “la negación de todos los derechos y un asalto dramático a la naturaleza”.

En verdad, “Cada guerra deja a nuestro mundo peor de lo que estaba anteriormente. La gurra es un fracaso de la política y de la humanidad, una vergonzosa capitulación, una derrota dolorosa ante las fuerzas del mal” (FT, 261). El Papa Argentino subraya la injusticia del “daño colateral”. Verdaderamente, en el contexto de las armas nucleares. químicas y biológicas y la creciente posibilidad de nuevas tecnologías”. se da un grave peligro de no usarlas sabiamente. Por lo tanto, “no podemos pensar por más tiempo de la guerra como una solución, porque sus riesgos serán, probablemente siempre, mayores que sus supuestos beneficios”.

En el nuevo contexto, es muy difícil invocar los criterios elaborados en siglos anteriores para hablar de una “guerra justa”. El Papa Francisco afirma que el concepto de “guerra justa” no puede invocarse hoy Consecuentemente, “guerra no más” (cf. FT, 258). Además, este Papa no cree “en la posibilidad de la legítima defensa por medio de fuerza militar, y cree que “ataques preventivos o actos de  guerras conlleva “males y desórdenes más graves  que el mal que quiere eliminarse (FT, 258). 

El Papa León XIV habla con frecuencia contra la guerra y por la paz y la reconciliación, y en favor del diálogo entre naciones y sus gobiernos. Su mensaje elocuente y vibrante: “Estoy aquí para proclamar la paz” (Camerún, 14 de abril, 2026).

Desde el Vaticano II hasta el Papa León XIV, la Iglesia condena firmemente la carrera armamentista. El Concilio Vaticano II considera la carrera armamentista “una trampa traicionera para la humanidad" que daña a los pobres inmensamente (GS, 81). El Papa Juan XXIII rechaza la disuasión armamentista y propone un desarme progresivo (Pacem in Terris, 112). Por su parte, el Papa Pablo VI lamenta la llamada disuasión porque no remueve sino que agrava los peligros de la guerra, y también porque deja a los pobres más pobres: cada agotadora carrera armamentista es un escándalo intolerable (Populorum Progressio,53). El Papa Francisco habla de la insuficiencia de la disuasión nuclear como una respuesta efectiva a los desafíos planteados.  “La paz iy la estabilidad internacional   pueden estar basados en un falso sentido de seguridad, en una amenaza de destrucción mutua o aniquilación total, o simplemente en mantener el equilibrio de poder”. El Papa Francisco aboga por el establecimiento de un fondo global alimentado por el dinero a emplear en armas y en otros gastos militares (cf. FT, 262).

 

PREGUNTAS SIGNIFICATIVAS

Después de haber reflexionado sobre la teoría de la guerra justa, unas cuantas preguntas desafiantes: Esta teoría, ¿ayudó a evitar guerras? ¿A justificarlas? Las autoridades públicas que deciden ir a la guerra, ¿pueden actuar por egoísmo nacionalista o por venganza o por aprovechamiento comercial?  O por aquello de que ¿“el pez grande se come al pequeño”? La justicia retributiva ¿es una causa justa para ir a la guerra o más bien una expresión del vengativo “ojo por ojo y diente por diente? Para los judíos y cristianos ¿la “guerra justa” está fundada en el Antiguo Testamento y/o el Evangelio de Jesús? una legítima defensa colectiva puede llevarse a cabo “como último recurso”; pero ¿por qué no intentarlo otra vez y otra vez y otra vez? Después de todo, antes o después el fin de la guerra termina generalmente negociando entre quienes guerrean: ¿por qué no negociar desde el principio y de esta manera salvar vidas. ¿No es vergonzante hablar de “daño colateral” – la matanza de civiles y de tantos niños? ¿Quién se preocupa realmente de los muertos en las guerras? Parece que aumentar el arsenal de armas es un objetivo más importante que hablar de miles y miles de muertos.

Se decía antiguamente: Si vis pacem, para bellum (si quieres la paz prepara la guerra). Hoy decimos: Si vis pacem para pacem: si quieres la paz prepara la paz. Gandhi repetía: “No hay camino para la paz; la paz es el camino”. Para Jesús, , caminamos hacia la paz por el sendero de la justicia y del amor (el amor es causa de la alegría, la misericordia y la paz). El salmista (cf. S 84) nos dice: La justicia y la paz se besan” -en el puente del amor. (El amor, la caridad, ncluye necesariamente la justicia, pero va más allá: la justicia nos hace iguales; la caridad, hermanos y hermanas unos de otros – de todos).

A los cristianos y a muchísimos otros, su humanidad y su fe les exigen ser artesanos de la paz en un mundo en guerra. Los que estamos decididamente contra la guerra y por la paz, nos esforzamos seriamente por vivir vidas veteadas de justicia, compasión y paz.

Uno no puede hablar contra la guerra creíblemente si no hay en su vida coherencia entre los principios éticos básicos: estar contra la guerra (¿quién no lo está? y a favor de dictaduras de la izquierda o de la derecha no es creíble. Los derechos humanos fundamentales deben ser respetados y defendidos por todos. 

El quinto mandamiento sigue gritándonos; No matarás. Es interesante anotar que los primeros cristianos no debían ser ni soldados ni jueces: los soldados pueden matar y los jueces, enviar “criminales” al corredor de la muerte para aplicarles la pena de muerte. 

Una vez más. como persona humana y como cristiano, como un hermano en nuestra común humanidad y permítanme gritar:

GUERRAS, NO MÁS. GUERRAS, NUNCA MÁS. (FGB)