MEDITACIONES CUARESMALES: IV. LUCHA CONTRA LAS TENTACIONES
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MEDITACIONES CUARESMALES: IV. LUCHA CONTRA LAS TENTACIONES

MEDITACIONES CUARESMALES:

IV. LUCHA CONTRA LAS TENTACIONES

Las tentaciones son invitaciones a hacer el mal o a no hacer el bien, a consentir un pensamiento de odio, a proferir u insulto de desprecio al diferente, a pasar de largo ante una persona realmente necesitada. Las tentaciones son parte de nuestra vida, y nos acompañarán siempre – a todos. Tomás de Kempis escribe: La vida del hombre sobre en la tierra es una tentación. Somos tentados continuamente por tres tentadores. Fuera de nosotros: el mundo (con falsos valores) y el demonio. Dentro de nosotros la carne (las pasiones). El tentador número uno es el demonio.

    Abrahán, Moisés, Jacob, David, los profetas… todos fueron tentados - como nosotros. Jesús también fue tentado: tres veces en el desierto (sobe el pan, el poder y ls riquezas -cf. Lc 4:1,13).). Satanás tentó a Jesús por medio de Pedro el apóstol, que le pidió que abandonara el camino del Calvario (cf. Mc 8,31-33). Cuando el Señor estaba clavado en la cuz, los que pasaban delante de él le insultaban y pedían que se salvase a sí mismo y bajara de la cruz (cf. Mc 15,29-32).

Las tentaciones son invitaciones a pecar, pero también oportunidades para hacer el bien. Las tentaciones nos ayudan a ser fuertes moral y espiritualmente. Además, nos ayudan a estar alerta porque sabemos que somos débiles y podemos caer en nuestras tentaciones. Las tentaciones nos invitan a ser humildes delante de Dios y a pedirle ayuda.

Las tentaciones consentidas son contrarias a la verdadera libertad y al amor –a la felicidad. En nuestra vida abundan las dificultes. En cierto sentido, las necesitamos: son como la madera de nuestra cruz, medios hacia la pureza del corazón, y pasos hacia el cielo que continúan nuestra conversión progresiva. San Agustín nos dice: Progresamos por medio de las dificultades, y nadie se conoce a si mismo excepto a través de tentaciones, o recibe una corona excepto después de la victoria, o se esfuerza excepto contra un enemigo o tentación.

Luchamos contra las tentaciones no dialogando con ellas, huyendo lo más rápidamente posible, refugiándonos en la oración.

El padre del desierto Abbas Serenus nos dice: “Debemos mantenernos inquebrantablemente en dos cosas: la primera es que ninguno es tentado sin el permiso de Dios; la segunda es que todo lo permitido por Dios, parezca triste o alegre entonces, está ordenado por el Padre más tierno y el médico más misericordioso para nuestro beneficio” (Juan Casiano, Las Conferencias, siete, XVIII).

Jesús, el Hijo de Dios, camina con nosotros. Nadie puede defenderse por sí mismo de las tentaciones que nos acechan… Solamente en compañía de Jesús podemos caminar en el mundo y cuidar de nuestros vestidos sin mancha del mundo. Sin él, estamos indefensos; con ‘él, estamos seguros (W. Barclay). En la compañía de Jesús, con y el amor de Dios Padre y la gracia del Espíritu Santo, luchamos contra nuestras tentaciones. Los santos sacramentos, la penitencia y las penitencias, la limosna y el perdón son ayudas que también nos fortalecen. Y siempre, vigilancia y oración: velad y orad para que no caigáis en tentación (Mt 26,41).

Es importante acentuar que el buen Dios no permitirá al demonio que nos tiente más allá de nuestras fuerzas: “Dios es fiel y no permitirá que seáis sometidos a pruebas superiores a vuestras fuerzas; ante la prueba os dará fuerza para superarla” (1 Cor 10,13). Con la ayuda disponible de Jesús, rechazamos el pecado, que es mala noticia, una mentira. Las tentaciones, como la manzana de Eva y Adán, parecen atractivas, pero causan inevitablemente -después de un placer desordenado- tristeza, remordimiento, oscuridad. Más aún, las tentaciones consentidas aumentan nuestra debilidad y “conducen al pecado y a la muerte” (CCC, 2847). No olvidemos que Es mayor la ayuda del Espíritu Santo … que el ataque del diablo envidioso” (STh, III, 41, 2 ad 2).  

La oración es una de las mejores armas para vencer la tentación: “La vieja serpiente te tentará y te dará guerra, pero huirá por la oración. Además, la puerta principal le será cerrada por ejercicios útiles” (Tomás de Kempis, Imitación de Cristo). Karl Rahner nos anima con estas palabras: Estate cerca de Dios, ojo con el encantado círculo del mal que envenena. Y añade que el significado más profundo de tentación es este: una invitación a orar; quien reza durante a tentación la conquistará.

La oración humilde y confiada nos lleva al ayuno, y el ayuno a la limosna y al perdón -a la misericordia. Las tres penitencias tradicionales juntas son armas que nos ayudan a vencer nuestras tentaciones. 

La sexta petición del Padrenuestro: No nos dejes caer en la tentación. La versión inglesa: No nos lleves a la tentación (lead us not into temptation) es literalmente incorrecta y necesita explicación. Dios no nos guía hacia la tentación: Él nos ayuda a no caer, a vencer la tentación. En 2017, el Papa Francisco aprobó un cambio en la versión inglesa (traducción literal de la versión latina): que sea como la versión en español y otras lenguas. El papa argentino explicaba que lo incorrecto de “No nos lleves [Dios Padre] a la tentación”: Un padre no hace eso; un padre te ayuda a levantarte inmediatamente. Es Satanás quien nos lleva a la tentación - este es su departamento. Ciertamente, Dios no nos conduce a la tentación: “Dios ni puede ser tentado al mal ni tienta a nadie” (St 1,13).

En este contexto, otro punto importante: se nos pide constantemente que resistamos a nuestras tentaciones y que removamos las ocasiones graves de pecado, ya que quien ama el peligro perecerá en él (Si 3,26). “Es algo perdido si no removemos totalmente todas las ocasiones de pecado” (Santa Teresa e Ávila).

Si usamos las armas apropiadas contra las tentaciones, venceremos: Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo nos ayuda siempre: “No te preocupes, porque Él [Dios] nunca te abandonará cuando seas tentado” (San Juan de Ávila).

Las tentaciones que conquistamos rechazándolas, huyendo nos ayudan a crecer moral y espiritualmente.  Creceremos en humildad, en amor, en santidad – en felicidad. Si las conquistamos, experimentaremos la consolación de Dios: Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios” (Ap 2,7).

“El Señor salva en tiempo de desgracia” (Si 2,11). Si desafortunadamente caemos en la tentación, vamos a nuestro Padre, omnipotentemente misericordioso, y le pedimos humildemente su ayuda y le pedimos perdón y nos acercamos al Sacramento de la Penitencia apropiadamente. Esperanzadamente, estas tentaciones consentidas nos han enseñado a ser más cuidadosos ante tentaciones futuras – ¡que vendrán!

Y PARACONCLUIR, un último consejo de Tomás de Kempis: “Sé fuerte. Vayamos juntos adelante, Jesús estará con nosotros. Por amor a Jesús, hemos cargado con esta cruz; por amor a Jesús, perseveremos en ello. ‘Él será nuestro ayudante, que es nuestro capitán y nuestro predecesor.” (FGB).