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UNA ESPIRITUALIDAD PARA NUESTRO TIEMPO: CUATRO CARACTERÍSTICAS

UNA ESPIRITUALIDAD PARA NUESTRO TIEMPO:

CUATRO CARACTERÍSTICAS

La espiritualidad cristiana hoy intenta evitar dos extremos: el llamado “espiritualismo” (que es individualista y escapista fuga mundo y contemptus mundi: huida y desprecio del mundo) por una parte, y el “activismo” (que es una promoción humana y social desconectada de la oración y la contemplación) por otra parte. En otras palabras, una espiritualidad auténtica trata de evitar una espiritualidad escapista e individualista, y un activismo mundano atiborrado de actividades sociales externas. Muchos cristianos, con mucha otra gente religiosa, intenta seriamente seguir el ejemplo de los místicos, los santos, cristianos ordinarios, que cuanto más unidos están a Dios en contemplación, más comprometidos están con el prójimo, en particular con los pobres y marginados. Ciertamente, los santos son los que renuevan el mundo. Como dijo Gandhi: “El mundo necesita santos, no políticos”.

En este campo, tan rico y complejo, sugerimos cuatro características que quizás debieran estar presentes en cualquier clase de espiritualidad cristiana en el tercer milenio: una espiritualidad centrada en Cristo, mística, liberadora y ecológica.

1.Espiritualidad Cristiana centrada en Cristo, totalmente centrada en Jesucristo: Jesús es el único nombre bajo el cielo que salva a hombres y mujeres (Ac 4:12). Esto es obvio, pero siempre es necesario subrayarlo: los cristianos son seguidores de Cristo. El foco central de la teología espiritual y moral es Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14:6) como lo descubre la revelación. Cristo es “el corazón” de la vida cristiana, de la catequesis y de la evangelización (cf. Vaticano II, NAE 2; GS 22; CCC 426-429). Por lo tanto, el valor más grande del ser humano es “la unión con Cristo y en Cristo con el Padre y el Espíritu Santo” (Marti). Jesucristo, el Hijo de Dios y el hombre perfecto es quien nos revela al Padre en el Espíritu. Él revela la persona humana a sí misma y descubre a todos la sublimidad de su vocación. Cristo, “la imagen de Dios invisible” (Col 1:15) revela a la humanidad la dignidad de la persona humana, y así eleva a la naturaleza humana a su máxima dignidad. Además, Cristo, muriendo en la Cruz, revela a todos los hombres y mujeres la gravedad del pecado y su necesidad de un salvador. Cristo Jesús es el Retentor universal. “En Él no hay ni Oeste ni Este; / en Él, no hay ni Sur ni Norte; / sino una gran comunidad de amor / a través de la ancha tierra” (John Oxenham).

  1. La espiritualidad cristiana autentica es una espiritualidad mística. Hoy en día se da un renacimiento del misticismo y una atracción singular de la vida mística. Esta vida mística no es ni aristocrática ni elitista, que en este caso solo sería posible aparentemente para almas extraordinarias. Es una vida mística que es alcanzable para todos los cristianos fieles, y también para otros creyentes y personas de buena voluntad. Hoy se entiende por vida mística la unión amorosa con Dios a través de Jesucristo, su Hijo único, y por el poder del Espíritu Santo. Como el Vaticano Segundo dejó muy claro: todos los cristianos están llamados a la santidad, esto es, a la unión mística con Jesús, aunque -añadamos- solamente algunas almas reciban gracias especiales o signos extraordinarios de la vida mística, que después de todo no son necesarios, como los mismos místicos afirman repetidamente.

Siguiendo la tradición cristiana, el misticismo suele estar precedido y acompañado por el ascetismo. Escribe Joseph Phan OP: “El ascetismo y el misticismo están tan entrecruzados que nunca se da un estado puramente ascético o un estado puramente místico”.

El progreso espiritual implica ascetismo, mortificación y la experiencia del desierto. Estos pasos nos llevan a abandonar el pecado, a vivir virtuosamente, testimoniar las Bienaventuranzas, y a abrazar -de modo ascendente y cada vez más profundamente- la cruz. Andar por el camino de la cruz que lleva a la perfección es difícil, pero posible. Nos dice San Juan de la Cruz: “El alma no puede poseer ni puede alcanzar esos tesoros [de la sabiduría y el conocimiento escondido en Cristo] a no ser que primero pase por el matorral del sufrimiento exterior e interior”.

  1. Una espiritualidad integral incluye una dimensión trascendente e inmanente, amor a Dios y amor al prójimo, una experiencia mística y liberadora, contemplación y acción. Es, como explica Simon Chan, ni “una interioridad sin historia” ni “un compromiso sin critica de lo histórico (más frecuentemente, sociopolítico)”. No obstante, un contexto cultural puede centrarse más en una dimensión que en otra. Por ejemplo, en Filipinas la teología acentúa

más su dimensión liberadora mientras que otras culturas asiáticas se centran más en la contemplación.

No puede haber una espiritualidad cristiana autentica si no hay una preocupación y compromiso pon la justicia, una justicia “informada” por la caridad, que es la “forma” de todas las virtudes en este sentido: que la caridad dirige todas las virtudes al fin verdadero. Como está claro en las Sagradas Escrituras, no puede haber verdadero amor sin la justicia. La caridad es el amor de Dios en nosotros y, por lo tanto, nuestro amor como el amor de Dios está dirigido principalmente a los pobres y necesitados, como dice claramente la Biblia. En este contexto, los obispos de Asia escriben: “La búsqueda de la santidad y la búsqueda de la justicia, la evangelización y la promoción de un verdadero desarrollo humano y de la liberación no están opuestos, sino que componen hoy la predicación integral del Evangelio en Asia”. San Juan Pablo II escribió: “Al principio de este siglo el problema que más desafía nuestras conciencias es la pobreza de millones de hombres y mujeres”.

  1. Sensibilidad ecológica responsable. En un contexto global, el autor de estas líneas subraya una cuarta característica de toda espiritualidad hoy: la teología espiritual escucha los signos de los tiempos. Como el Papa Francisco argumenta claramente en su emblemática encíclica Laudato Si’, un signo inequívoco es una conciencia ecológica responsable. En este contexto, el Papa acentúa repetidamente la conexión de “el grito de la tierra” con “el grito de los pobres”. Lamentablemente, algunos de los grandes gurus sobre el cambio climático parecen dar poca importancia a esa conexión esencial ni tampoco, quizás, a una verdadera ecología integral, que incluye necesariamente la ecología humana. En nuestro mundo rico y consumista, muchos pobres y necesitados sobreviven miserablemente.

Algunos teólogos hablan hoy de una “espiritualidad cósmica”: una vida mística que, centrada en la unión amorosa con Dios, conversa respetuosamente y cuida responsablemente de la naturaleza, acentuando la naturaleza y vida de cada persona humana desde su concepción hasta su muerte natural. Por tanto, una espiritualidad, una teología espiritual auténtica también ayuda a la gente a ser humana, espiritual, social y ecológicamente responsable.   (FGB)

 

 

Holy Rosary Province Espiritualidad 07 Agosto 2023
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SANTO DOMINGO, ¿OLVIDADO?

SANTO DOMINGO, ¿OLVIDADO?

Hemos leído con gozo una novela histórica sobre nuestro Padre y Fundador Domingo. Nos parece conveniente ofrecer un resumen de esta novela con mínimos comentarios. El libro es interesante, ameno, y está bien escrito. Además, la obra es importante para nosotros por otra razón: la autora no es dominica. Es una buena teóloga, casada, con seis hijos. Es bueno saber cómo ven otros/as a nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán; qué acentúan y no acentúan en la vida y misión de nuestro querido Fundador.

Resumen de la interesante novela histórica del Fundador de la Orden de Predicadores, de la teóloga Isabel Gómez Acebo. Título: El Santo olvidado: Domingo de Guzmán (Madrid: San Pablo, 2021; 202 página).

 

LA VIDA RURAL

Caleruega. Vivian entonces unas 25 familias. Vida rural, sin escuela. El matrimonio Félix y Juana tuvieron tres hijos: Antonio, Manes y Domingo. Su madre los llevaba frecuentemente a visitar iglesias y ermitas, incluido el Monasterio de Silos. Doña Juana quería que sus hijos se dedicaran a Dios y no a las armas. Tampoco Don Félix los quería guerreros, sino clérigos. Juana tenía tíos que eran clérigos. El cura del pueblo les enseñó el Credo, salmos, y oraciones comunes.  Domingo, nacido en Caleruega hacia el año 1174, conoció el movimiento premostré de pequeño. (Ello influiría después en las Constituciones [¿La primera de España? ¿O fue Salamanca en 1218?].

 

EN LA ESCUALE CATEDRALICIA DE PALENCIA

En Palencia, Domingo formó y perfeccionó su personalidad, y mostró sus deseos de ser sacerdote dedicado a la predicación, el estudio y la misericordia.

Estudio el trivium (gramática, dialéctica y retorica), y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). Estudió las Sentencias de Pedro Lombardo y las elucubraciones filosóficas y teológicas de San Isidoro de Sevilla. Y siempre: la Biblia y los comentarios de los Padres de la Iglesia. Tenía Domingo un amor especial al Evangelio de San Mateo y a las Cartas de San Pablo. En la ciudad castellana aprendió y practicó el método escolástico: lectio, quaestio, disputatio. Nos dicen que fue Domingo muy estudioso y espiritual. Amaba los libros. Aquí  nació su gran deseo de ser sacerdote.

Tiempo de hambruna en Palencia. Vendió sus libros y pergaminos para alimentar a los pobres. Y Domingo, con otros estudiantes, estableció un dispensario para dar alimento a los hambrientos. Conocía bien los textos bíblicos y trataba de practicar sus enseñanzas. Los siguientes textos tocaron su sensible corazón y aumentaron su deseo de ayudar a los pobres y necesitados: “Si quieres ser perfecto…” (Mt 19,21), y “Todos los creyentes vivían unidos y poseían todo en común…” (Actas, 2,44-47). Su ejemplo dio frutos, y muchas personas ricas le imitaron.   Su creciente fama de buen estudiante y muy espiritual y humilde llegó hasta el Prior de Osma, Diego de Acebes, que le invito a integrarse con sus canónigos de Osma.

 

EN OSMA (1196- 1204).

Osma, un pueblo castellano de unos 400 habitantes en tiempo del joven Domingo. Aquí profeso como canónigo regular: “Yo, Fray Domingo de Guzmán, hago donación y entrega de mí mismo a Dios y a la Iglesia de Santa María de Osma, y prometo obediencia, según la regla de San Agustín, a fray Martin de Bazán, obispo de la diócesis, y a fray Diego de Acebes, prior de esta catedral, así como a sus sucesores…” Cuando tenía unos 25 años, Domingo fue ordenado de sacerdote. Después, fue nombrado sacristán y más tarde suprior. Frecuentemente actuaba como prior, ya que el obispo Acebes como consejero del Rey tenía que viajar mucho. En Osma, el joven Domingo llevaba una vida “solitaria, ascética y contemplativa”. Y apostólica: no entró en los monjes porque había optado por una vida contemplativa y apostólica, y por la cura de alamas. Predicaba bastante. Rezaba mucho y leía libros de espiritualidad, incluidos las Conferencias de los Padres del Desierto de Juan Casiano.

 

EMBAJADOR A DINAMARCA.

Le pide su obispo Acebes que le acompañe a Dinamarca donde el rey Alfonso VIII le envía - dos veces- para pedir al rey de Dinamarca la mano de su hija -para que se case con su hijo Fernando. Un viaje difícil pero fructífero. Fructífero: no tanto por conseguir la mano de la joven niña, que antes de viajar a Castilla, después del segundo viaja, había entrado en religión, o sea en un convento de Dinamarca, sino porque en el camino de idas y vueltas, Domingo se da cuenta de los estragos que están haciendo en el Sur de Francia y en otras ciudades y pueblos europeos la herejía cátara. Domingo a fray Diego: “Si queremos combatir las herejías no hay más remedio que tener gente preparada para que pueda refutar los errores, y en Paris parece que están haciendo un buen trabajo”. (Ya en Palencia y sobre todo por estos viajes, Domingo estaba convencido de que los predicadores debían estar bien formados teológicamente).

 

A ROMA

Los cátaros y otros herejes tenían éxito como predicadores porque predicaban desde la pobreza, mientras los cristianos, especialmente los delegados papales, desde la riqueza. Algunos cistercienses y otros monjes estaban ya convencido de que esta era la única manera de predicar –como Cristo. Domingo lo estaba profundamente.

El obispo Acebes pidió al Papa que le dejara predicar en Dinamarca o en Fanjeaux para convertir herejes. EL Papa se lo negó.  En una conversación con el obispo, Domingo le dijo: “Ya sabéis que siempre he pensado que la Iglesia, para ganar credibilidad, tiene que vivir en pobreza y compartir los bienes con los pobres”.

GRANDES DEBATES CON LOS HEREJES

Los cátaros negaban la encarnación de Jesucristo, porque de la carne no podía salir nada bueno, ya que había sido creada por Satanás. Solo aceptaban –del mundo- el alma, creada por Dios. Tampoco al Jesucristo total. Criticaban a los clérigos por estar más interesados en el poder y el dinero que en el Credo. No creían en la Eucaristía, ni en la Virgen, ni en   los santos, que eran para ellos (sus estatuas) como “trozos de madera”. Después de un debate, echaron los documentos de los herejes y los de Domingo al fuego. El de Domingo no se quemó, mientras que el de los herejes, sí.

Los valdenses estaban más cerca de los cristianos que los cátaros. “Las diferencias con los cristianos no eran dogmáticas, sino sobre algunas normas eclesiásticas”.

El obispo Acebes, después de muchos viajes, volvió a Osma, su diócesis, ya bastante debilitado. Murió a los 3 meses. Domingo tuvo que coger la antorcha. Quedó casi solo ante el peligro de las herejías en el Sur de Francia, Toulouse. Domingo ya había iniciado el convento para religiosas –conversas de la herejía cátara- en Prouille. El conde Simón de Montfort ayudó mucho a Domingo, pero también su compañía fue peligrosa pues el conde era bastante violento y cruel, y dejaba en su camino de cruzadas y guerras contra los herejes “muchas muertes, tanto de culpables como de inocentes”. Mientras tanto, Domingo se dedicaba a predicar el evangelio de pueblo en pueblo. Le ofrecieron ser obispo, pero no aceptó ya que ello le impediría predicar el evangelio de Jesús. Domingo “era un gran orador… Destacaba por su austeridad: andaba descalzo, cruzaba por ríos helados, pues no podía pagar al barquero, caminaba bajo el calor asfixiante, como penitencia llevaba una camisa de crin áspera y un cordón de hierro en la cintura, dormía en el suelo y hacia comidas frugales, limitándose en la cuaresma a pan y agua. Su vida representaba la configuración de su persona con Jesucristo encarnado”… “Jamás se vanagloriaba de sus éxitos, no hablaba mucho, más que para preguntar, bendecir, rezar o predicar; tendía su mano a todos los necesitados; relataba historias ejemplares para convencer a las almas; no mostraba irritación o cansancio; intercedía por los hombres, tenía gran confianza en Dios y en María y, sobre todo, rezaba en cualquier lugar, pero especialmente por la noche acompañándose de movimientos corporales y gemidos”.

Tuvo que hacer varios viajes a Roma, relacionados con la aprobación de la Orden. Nos dicen las crónicas que cuando estaba en Roma se dedicaba también a predicar el Evangelio: “predicaba en las iglesias y en las calles, intentaba hablar en su lengua, visitaba a los enfermos, alentaba a los que esperaban en las colas del hambre, escuchaba a los tristes, daba esperanza a los que la habían perdido y…rezaba”. En alguna ocasión, y cuando rezaba, se le aparecieron San Pedro y San Pablo que le dijeron: “Vete a predicar, porque Dios te necesita para este menester”. Y algunos añaden: “Y entonces la visión se amplió y le hizo ver a sus discípulos dispersos por el mundo, de dos en dos, predicando”.

El obispo de Toulouse pide a Domingo que le acompañe al Concilio de Letrán. Domingo, encantado: aprovechara para pedirle al Papa Inocencio III el reconocimiento de su Orden no solo para predicar en Toulouse sino en todas las diócesis del mundo. Lo hizo en principio con una bula del 8 de octubre de 1215.  Más tarde, en 1216, el papa pidió a Domingo y sus frailes que escogieran una de las reglas existentes de las órdenes religiosas. En asamblea, se decidieron por la Regla de San Agustín, que ya tenían los canónigos de Osma y que Domingo conocía muy bien. Domingo volvió a Roma para tratar de conseguir del Papa Inocencio III la aprobación definitiva de la Orden; pero desafortunadamente el papa murió antes de que Domingo pudiera presentarle su petición. Con la ayuda constante del Cardenal Hugolino, consiguió la aprobación definitiva del nuevo Papa Honorio III con la bula Religiosam vitam. Era el 22 de diciembre del 1216. En otra bula titulada Gratiarum omnium, el Papa llama, a Domingo y a sus frailes, predicadores. En el 1218, se les llama Hermanos de la Orden de Predicadores.

 

LA ORDEN DOMINICANA SE EXTIENDE

En la asamblea de los frailes con Domingo el 14 de mayo de 1217, se decide, con cierta oposición, la dispersión de los hermanos, que todavía son pocos y algunos sin la suficiente formación. A los dubitativos, Domingo les dice: “Yo sé bien lo que hago, y nos ha llegado la hora de sembrar la palabra por esos mundos de Dios”. Domingo los envió a Paris, a España, a Toulouse, y a Prouille. Les envió a predicar y estudiar.

En Roma, y después de uno de sus sermones, se presenta a Domingo el famoso profesor Reginald para pedirle que lo acepte en la Orden. Desafortunadamente, Reginald se pone muy enfermo. Domingo le dice: “Aceptad la voluntad de Dios y dejaos en sus manos”. Como dicen nuestras crónicas, durante la grave enfermedad se le aparece la Virgen que le unge con los santos oleos y le viste con el hábito dominicano.

Desde Roma vuelve a Toulouse y posteriormente a España. Estamos muy probablemente en el año 1219. Funda el primer convento de monjas dominicano en Madrid, del que su hermano fray Manes será guía espiritual. Domingo predica en Segovia, donde se formará el primer convento masculino en España. Después visita Palencia, donde nace el segundo convento de hermanos en España. En Segovia, donde predicó mucho, tenemos la famosa Cueva de Segovia donde Domingo pasaba sus noches de oración y disciplina, y lloraba por los pecadores y los pobres ante Dios, a quien pedía por las terribles situaciones de quienes le hacían llorar. Sus llantos “desaparecían en el alba para que la sonrisa acompañara siempre su predicación”. 

En Paris (1219), entra en la Orden, después de oír predicar a Fray Domingo, Jordán de Sajonia. Otro de los grandes en los principios de la Orden.  Él sucedió a Santo Domingo como Maestro General de la Orden. 

 

BOLONIA

La comunidad floreciente de Bolonia, guiada por Reginald, que había vuelto de Tierra Santa, y que era un gran predicador enamorado de Jesús, atrajo a la Orden a muchos profesores y estudiantes. Domingo permaneció en Bolonia para participar en la predicación y la conversión de los herejes. Dispersó a sus frailes por diferentes ciudades italianas.

En Bolonia conoció a Diana d’Andalo. Convertida y entusiasmada, y viendo Domingo que estaba preparada la admitió en la Orden. Ella hizo su profesión delante de Domingo y otros frailes.

Domingo viajó a Viterbo para entrevistarse con el Papa y pedirle las cartas correspondientes para que sus frailes pudieran predicar sin cortapisas provenientes de obispos.  El Papa le invito a fundar un convento de religiosas que recogiera monjas dispersas (con algunas venidas de Prouille), en la antigua iglesia de San Sixto. Lo consiguen: las monjas (con las 8 venidas de Prouille con el obispo Foulques) se reúnen en la iglesia de San Sixto el miércoles de ceniza de 1221, “donde la predicación de Domingo conmueve sus corazones, y todas, menos una, hacen la profesión entre sus manos”. Muchos frailes las atendían. Domingo pidió al papa que le concediera una iglesia del siglo V, “la Basílica de Santa Sabina, edificada en el Aventino. Lo consiguió y allí se retiraron los frailes. Posteriormente, sería la residencia del Maestro General de la Orden. 

 

PRIMER CAPITULO DE LA ORDEN

Poco a poco la salud de Domingo se iba deteriorando. En febrero de 1219, Domingo escribe a todos los conventos y a algunos otros hermanos aislados y les pide que designen representantes para el primer Capítulo General de la Orden, que tendrá lugar en Bolonia. Reunidos en la fiesta de Pentecostés (mayo, 2019), celebran la Eucaristía presidida por Domingo, quien anima a los hermanos “a cantar con fervor pidiendo la ayuda del Espíritu Santo”. Al inaugurar el Capítulo, lo primero que dijo Domingo es pedir su dimisión: “Merezco ser depuesto, pues soy inútil, y descuidado”. No se la admiten, y acepta seguir al mando. Nombra 4 frailes que tienen autoridad sobre los demás. Se aprueban las primeras constituciones, y la regla realmente innovadora de las dispensas. Las Constituciones contienen normas para reglamentar la vida dominicana, que no es fácil.

El Capitulo enfatiza la importancia de una “buena formación intelectual y moral”. Los diversos pasos que ha dado Domingo en su vida convergen en las Constituciones: “la reforma del premostré, la influencia de San Agustín y san Benito, la vida austera de los canónigos, la regulada de los monjes… y la predicación durante diez años a los albigenses. Todo presidido por la imagen de los apóstoles, a quienes deben imitar los frailes”.

Domingo sigue predicando en el Norte de Italia. Su objetivo principal: combatir las herejías y convertir discípulos para Jesús. Pero, cuando se dio cuenta de que había muchas guerras y escaramuzas entre diversos pueblos y ligas, cambió de objetivo principal, que ahora es “predicar la paz, antes que defender la ortodoxia”.

En el camino hacia Milán, Domingo se siente gravemente enfermo, pero no por eso deja de predicar”. Su lema: “hablar de Dios o con Dios, lo que produce una predicación positiva y teocéntrica”.

Durante sus Misas llora ante la Cruz de Jesús y reza por los pecadores. Cuenta el milagro de los dos ángeles repartiendo a los hambrientos frailes “pan e higos”. Volvió a Bolonia. En su ausencia, Fray Rodolfo había mejorado las habitaciones de los frailes y el convento. Domino reacciona: “¿queréis renunciar a la pobreza y construir un palacio?”   

¿Preciosa leyenda? Domingo visitaba a sus monjas frecuentemente, para predicarlas. Una vez fue a hablarlas muy tarde. Las monjas se levantaron. Domingo las predicó y después mando al bodeguero que trajera una botella y un vaso. De la botella de vino bebieron los frailes y las hermanas: todos “de la misma copa para demostrar que eran una familia unida”.

LA MUERTE EN BOLONIA

Domingo volvió a Bolonia para la celebración del segundo Capítulo General, que se centrará en la organización de la Orden en conventos en todo el mundo. (El primer Capítulo General fue el capítulo de las Constituciones). Conventos concentrados en 5 provincias: Castilla, la Provenza, Francia, Lombardía y Roma.

Durante su estancia en Bolonia, habló frecuentemente con Diana d’Andalo, a quien su familia no dejaba entrar en religión, hasta tal punto que una vez la arrastraron hasta romperla una costilla. Pero ella entró.

Domingo seguía perdiendo fuerzas. Estaba enfermo. Tiene grandes dolores, pero no se queja: cara de enfermo con “sonrisa dulce”. Sus frailes le llevan al sur de la ciudad –menos húmedo-, al priorato benedictino de Monte Mario. Domingo sabe que pronto va a morir. Habla a sus frailes representantes de Europa –unos 22: “les habla de la perseverancia, de la pobreza, de la prudencia …”. Hizo su confesión general delante de 12 frailes escogidos, que le dieron la absolución de sus pecados y le administraron el sacramento de la extremaunción”.

Problema: “si muere nuestro padre Domingo en el priorato benedictino tendremos que enterrarlo allí”. Domingo dice a Fray Ventura el prior de Bolonia: “Me gustaría yacer entre mis hermanos. Llevadme con ellos y no os preocupéis si muero en el camino”. Llegaron al Convento de San Nicolás, Bolonia. Los hermanos lloraban desolados. El hermano Ventura habla en nombre de todos: “Padre, sabéis la desolación y tristeza que nos deja vuestra partida. Acordaos de mostros y encomendadnos al Señor”. Domingo: “No lloréis hermanos. Os seré más útil y provechoso tras mi muerte de lo que fui en vida”. Domingo: “Padre santo, vos sabéis que he tratado de llevar siempre vuestra voluntad en mi corazón. He intentado conservar aquellos que me habéis encomendado y ahora los pongo en vuestras manos. Os los entrego, conservadlos y guardadlos cerca de vos”. Domingo pide que inicien la recomendación del alma. Los hermanos entonan el Credo y la recomendación de alma. Antes de expirar Domingo eleva sus manos al cielo y muere. Era el 6 de agosto de 1221.

Desde la habitación donde murió Domingo, los hermanos le llevan a la Capilla de San Nicolás, donde colocan el féretro para que fuere velado. Por turnos, los frailes pasaron la noche rezando ante el féretro de su padre. Pronto la gente de Bolonio comenzó a rezar delante del sepulcro y a hablar de los milagros de Domingo. “El 13 de mayo de 1233 se abrió la causa de canonización, y en julio Gregorio IX proclamó la santidad del fundador”. 

La autora de la historia novelada escribe palabras que nos interpelan: “La pregunta que nos hacemos hoy es si es posible compaginar la contemplación, las largas horas de estudio, el rezo de la liturgia de las horas, la penitencia y la austeridad, con la fuerza vital que demanda la predicación”.

El lector de la novela concluye: “Imple Pater quod dixisti, nos tuis iuvans praecibus.   

 

 

 

Holy Rosary Province Espiritualidad 07 Agosto 2023
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¿QUIÉN ES CRISTO PARA TÍ?

Somos cristianos, es decir, discípulos de Cristo, seguidores de Jesús. Si quitamos la palabra “Cristi” (Cristo) de cristiano no queda nada, solo tres letras que no nos dicen nada sobre nuestra fe cristiana. Sin Cristo, el cristiano no lo es.

        ¿Qué lugar ocupa Cristo en mi vida? Todos los cristianos están llamados a una unión progresiva con Dios a través de Cristo en el Espíritu (cf. Vaticano II, LG 40-41). Jacques Ellul escribe: “La revelación de Cristo es primariamente Trinitaria”. Nuestro Dios es el Dios cristiano. Solamente Jesús nos revela quién es Dios, Trinidad: “La creación es por el Padre, la encarnación por el Hijo, y la transfiguración por el Espíritu son la arquitectura de la revelación” (Escritos espirituales esenciales).

Jesús vive hoy. Como dice Karl Barth, “Creemos que Jesús es nuestro contemporáneo”. De aquí se sigue que la cuestión radical de Jesús a sus discípulos también va dirigida a nosotros, a cada uno de nosotros: “Quien soy yo para ti?” (cf. Mt 16:13-17). Podemos responder a esta pregunta de dos maneras: objetivamente y subjetivamente.  

La respuesta objetiva, “ortodoxa” no es difícil. Generalmente, los discípulos de Jesús saben la respuesta correcta. Jesús es el Profeta que denuncia el mal y la injusticia y anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios, las Bienaventuranzas. Él es el Maestro que enseña con autoridad, el Varón de Dolores que muere por los pecados de la humanidad.

Jesús es el Hijo de Dios y el Hijo de María, el Camio, la Verdad y la Vida, y la Luz del mundo (Jn 14:6, 8:12, 9:5), el Buen Pastor (Jn 10:11, 14), el Buen Samaritano, el Pan de Vida (Jn 6:35-48, 51), la Vid (Jn 15:5), la Resurrección y la Vida (Jn 11:25). Conocemos a Cristo por el Espíritu Santo: Dios-Hombre, el Dios que nace como nosotros, que sonríe, que llora, que trabaja, que se cansa, que tiene amigos, que es la cara de Dios, que muere en la cruz y resucita a una nueva vida gloriosa. Jesús es el Señor crucificado y resucitado.     

En sí misma, la respuesta objetiva es fría, externa, y quizás de libro. Puede ser una respuesta sin compromiso ni desafío alguno. Respondemos objetivamente cuando discutimos acerca de la cuestión “¿Quién es Cristo?” de forma distante, científica, profesional. Damos una respuesta objetiva cuando predicamos sin fuego, sin compromiso personal, cuando nosotros -creyentes- hablamos acerca de Cristo sin habernos encontrado con él personalmente.  

El Sermón de la Montaña es

el retrato más fiel que tenemos de Cristo

 

 Creemos profundamente que Jesús espera nuestra respuesta subjetiva y personal. Recuerdo un cartel pegado a la pared en una estación de metro de Nueva York. Un anuncio que me gritaba con sus grandes letras rojas bajo un cuadro con el rostro de Jesús: ¡CRISTO ES LA RESPUESTA! Alguien escribió en letras pequeñas: ¿Cuál es la pregunta?  

La pregunta de Jesús a cada uno de nosotros -cristianos- es: ¿Quién soy yo para ti? Ciertamente, nuestra fe cristiana no significa principalmente “recitar un credo”; significa, más bien, “conocer a una persona”, y “presentarle a los demás”. No significa “saber acerca de Cristo, sino conocer a Cristo” (W. Barclay, In Lk 9:18-22 and 10:21-24; In Mth 9:35). ¿De verdad conocemos a Jesús? ¿Somos capaces de decir -como San Pablo- “Sé en quien he puesto mi confianza”? (2 Tim 1:12). Esta es la tarea permanente de la vida cristiana: conocer al Señor cada vez mejor (cf. Fip 3:10-11).

Para quienes creen en él, Cristo es la prioridad de prioridades. Como dice el teólogo Jacques Ellul, “Jesús es todo para nosotros: por su muerte, Él es nuestro salvador; por su resurrección, él es nuestra esperanza”. Para el cristiano, Jesús es el significado primordial de su vida.

Dios Padre nos dice: “Este es mi Hijo querido; escuchadle” (Lc 9:35; Mc 9:7). “Pon los ojos solo en él, porque en él te lo tengo dicho todo y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas… No hay más fe que revelar ni la habrá jamás” ((Subida del Monte Carmelo).

Ciertamente, la respuesta subjetiva o personal se entronca en la respuesta objetiva y se alimenta de ella. Sin la respuesta verdadera objetiva y doctrinalmente, mi respuesta personal puede ser errónea o no ortodoxa; puede ser mi “verdad” y no -como debe ser- la Verdad.  

Verdaderamente, Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre: el Cristo total. Creemos en el Cristo total, completo: el Cristo que nació como nosotros, vivió, murió y resucitó de entre los muertos. Parece ser que algunos entre nosotros los cristianos creen en un Cristo parcial que se acomode a sus deseos y devociones: el Santo Niño, el Cristo que caminó sobre las aguas, el Nazareno, el Cristo Resucitado… Creemos verdaderamente en Cristo crucificado y resucitado, el Hijo de Dios y el Hijo de María, Jesús Dios/Hombre.

Cuando uno o una cree en Cristo, el o ella se enfrentará inevitablemente con esta pregunta: ¿Qué debo hacer? (Cf. Hch 2:37). Sin duda, la fe cristiana no es una moralidad, sino -y radicalmente- una experiencia personal del misterio pascual, esto es, un encuentro con Jesús Resucitado, que sigue viviendo con nosotros. Sin embargo, la fe cristiana implica necesariamente una moralidad, un nodo nuevo de ser y actuar, de ser y llegar a ser más continuamente lo que somos: criaturas, “imágenes” e hijos/as de Dios, discípulos de Jesucristo, hermanos y hermanas unos/as de otros/as -de todos/as.

Todos los santos señalan a Cristo, que es el modelo absoluto de nuestra vida. Consiguientemente, debemos practicar sus enseñanzas, esencialmente su Sermón de la Montaña, que es nuestra Magna Carta: El Sermón de la Montaña es el retrato más fiel que tenemos de Cristo, y por lo mismo el modelo más perfecto que se nos podía dar (Servais Pinckaers).

(Fausto Gómez Berlana OP)

Holy Rosary Province Espiritualidad 28 May 2023
  1. MARÍA, NUESTRA MADRE
  2. JESUCRISTO, NUESTRO BUEN PASTOR
  3. PERDONAR NOS AYUDA A SER FELICES
  4. PEREGRINOS POR EL CAMINO DE LA VIDA

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