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La Indiferencia que nos envuelve

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El encuentro del evangelio con tan diversas culturas es motivo de mucho respeto y, a la vez, un clamor porque todo hombre y mujer, vivan donde vivan, tienen derecho a la justicia con la que Dios nos ha creado a todos, para ser felices. Y no solo en las culturas, también, en dialogo con otras religiones, ¿cómo evangelizamos?; en medio de los poderes del mundo, ¿proponemos, reclamamos un hueco de libertad para poder servir al Dios que nos ha creado, como hacía el pueblo de Israel bajo la opresión del faraón de Egipto?

Hoy más que nunca, en este tiempo de crisis, como predicadores, el anuncio del evangelio nos pide más coherencia de vida y afinar más en nuestras formas y, por supuesto, contenidos evangélicos, para no fracasar proponiendo sucedáneos que ya sabemos hasta dónde podemos llegar con ellos. Es clave nuestra condición de discípulos, aprendices, en formación bíblica y la celebración comunitaria para que aflore más la conciencia de que todos somos misioneros.

En oriente y occidente, donde se mueve la provincia, solo una justa colocación prioritaria de los elementos sustanciales salvadores serán verdadera evangelización y provocarán fe, no religiosidades tranquilizantes. Tantas veces no se trata de hacer cosas, sino del matiz que las demos como dominicos.

Ante un mundo lleno de necesidades, con muchos objetos, pero menos objetivos y en línea con el número anterior de esta revista sobre los jóvenes y el sínodo de los obispos de octubre podemos ofrecer a los jóvenes, como dominicos, ofertas de vida y formación, cultura humana; una predicación sobre el sentido verdadero de la vida, las necesidades vitales y existenciales del hombre, que tienen que ver con la verdad; podemos proponer vida evangélica frente a los reclamos de un mundo impulsado por las limitaciones humanas y sus ofrecimientos, incapaces de salvar.

En fin, ¿cómo actualizar la vertiente de anunciar a Jesús a los increyentes de nuestro carisma fundacional, creativamente? ¿Cuál es nuestra práctica? ¿Qué lugar ocupa en nuestra predicación este acercamiento del evangelio a los que no han oído ni saben nada de él, a los que están alejados o como queramos llamarles, dicen que no creen en Dios?

Y puesto que estamos en lugares donde los bautizados y los que se dicen creyentes son tantos, ¿es motivo de nuestra atención la necesidad de purificación y darles el alimento que necesitan para seguir creciendo? ¿Bastará una liturgia de mantenimiento y el exhaustivo cumplimiento de normas y leyes para ser seguidores de Jesús? Él se lo criticó repetidas veces a sus discípulos.

Te invitamos a disfrutar de este nuevo número de AMANECER visitanos en http://amanecerdominicos.blogspot.com y obten más información.

Por Fr. Pedro Juan Alonso, OP

(original)