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The Mission Distinguished Missionaries Andrés Yan Du, catequista
 

Andrés Yan Du, catequista

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andressmallAndrés Yang Du, catequista

Andrés Yang Du, dominico laico y catequista de Formosa

andres-catequistaHabía nacido de familia pagana. En su búsqueda religiosa fue primero monje budista; después cristiano protestante. Se acercó luego a la misión católica. Escuchó; vió rezar a los fieles. Aquello fué para él un testimonio completo: doctrina y vida, catequesis y oración. Y aquel buscador decidió que había encontrado ya lo que buscaba; le quedaba solo comenzar el camino. Se bautizó en 1855. La iglesia católica iba a ser, en adelante, el hogar de su vida y de su fe.
Solo cuatro años después, los dominicos decidían volver a su antigua misión de Taiwan. Y establecen un grupo misionero. Andrés era el catequsita mayor en edad. Cuando aceptó la invitacion de dejar su tierra y pasar a la isla, hizo la determinacion de entregar la vida, sin vuelta, a la predicación del Evangelio.
En Formosa trabajó desde su llegada hasta 1872: solo 13 años. Pero con frecunecia no es la extension de tiempo, sino la intensidad de la entrega la que define una vida. La de Andrés iba a ser plena.
Murió en abril de 1873. Andrés Chinchón, el misionero del lugar en aquel momento nos dejó una carta sobre su vida y su muerte; un tesoro de testimonio:
Así como la aguja imantada busca siempre el norte, del mismo modo Andrés, tocado por el imán de la gracia, estaba inquieto... hasta que salió al encuentro del que le buscaba...
A no ser por él, creo poder afirmar que muy pocos se hubieran encontrado que hubiesen podido sostener la carga y llevar con paciencia las privaciones, disgustos y sinsabores que ocurren en una nueva misión...En medio de tantas contradicciones siempre se le vió al lado del misionero, siendo su brazo derecho en todos los asuntos.
Llevado de su humildad no había cosa que no emprendiese con gusto por baja y despreciable que fuese. Ya se le veía explicando la doctrina a los cristianos, ya ocupado en los quehaceres más humildes de la casa. ... No es extraño que elevase a grande altura el edificio de la perfección cristiana. La oración mental, la frecuencia de los Santos Sacramentos, la tierna devoción a la Santísima Virgen.
Más en lo que es digno de mayor encomio, es en el buen desempeño del oficio de catequista. Aficionado por demás a la lectura y estudio... no pudo menos de adquirir un gran caudal de conocimientos...
Su carácter manso y afable y su natural festivo no podían menos de agradar a sus oyentes, pues al paso que instruía, los deleitaba con sus alegres discursos... Aficionado a la medicina, el misionero le ordenó que se dedicase a ella para poder tener más fácil entrada con los gentiles... Ya se valía de medicinas como el te, del agua de colonia, cuyo olor gusta mucho a los chinos.
Servía gratis a la misión...
El día 15 de Agosto de 1870 recibió el hábito de terciario dominico. Poco despues la inexorable muerte vino a cortar el hilo de su vida. Por julio del año 1870 se le había empezado a agravar la tisis, que le fue consumiendo poco a poco.
(Abril de 1872: llega el momento del testimonio final. Él lo afrontaba desde la cama; el misionero lo vivía a su lado. )
Entré en su habitación, dice Chinchón, para saludarle, y le encontré con un rostro risueño y agradable, y habiéndole dirigido la palabra, me contestó con cierta gracia: "Me estoy mudando de ropa, pues hoy es día de Resurrección"...
Al día siguiente, día 20, por la mañana, después de haberme levantado, pasé a su cuarto a visitarle, y ya nuestro Andrés estaba próximo a las puertas de la eternidad, si bien conservaba entero su juicio. Le volví a confesar de nuevo, le apliqué otra indulgencia plenaria...
(Chinchón se fue a la iglesia a celebrar la Misa. Cuando llegaba a la comunion, el alma de Andrés salió de su cuerpo mortal).
Me dieron la noticia de que nuestro catequista era ya difunto. Entré en su habitación, tomé la estola y el diurno para rezar el responsorio Subvenite; mas...!Ay! tuve que interrumpirle. Mi corazón opromido tuvo que dar lugar para su desahogo a las lágrimas, que naturalmente bañaron mis mejillas. ¡Tok-Ko difunto! Toko, cuyo trato jovial y afable, por tantos años habían consolado mi ruín corazón, y endulzado mis sinsabores...
Vida plena vida, apasionante. Muerte envidiable.
Aquel año el P. Fernando Sainz llevaba ya 3 años fuera de la mision. Al recibir la noticia hilvanó con la pluma y el corazon las siguientes lineas: Al conocer la noticia "sentí pena por la muerte de un catequista tan excelente: Tok-Ko realmente es un hombre que Formosa no debe olvidar jamás. El la hizo cristiana. Sus labios pronunciaron por vez primera en aquellas playas el Santo Nombre de Dios. Antes nunca se había oído, a no ser el pronunciado por vez primera dos siglos antes a mas de 60 leguas de distancia del teatro que por suerte fue confiado a la humildad y santidad de Tok-Ko. Jamás volvió la espalda a la doctrina del cielo: ni sus labios se cansaron de enseñar la felicidad del hombre, y al mismo tiempo que pronunciaba la palabra mágica "felicidad", indicaba con sus pasos el verdadero camino de ella." Andrés Tu, un cristiano chino, un catequista de Formosa, una vida plena de sentido.
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